MI historia


A los 16 pesaba casi 90 kilos y medía 1,75.
Me acuerdo de un verano puntual. Una juntada con amigos, me saqué la remera, y un chico empezó a burlarse. No me olvido más. Yo en el fondo sabía que tenía potencial, pero el físico me hacía sentir menos que todos.
Y hacés lo que hace todo el mundo: te ponés la remera y no te la sacás más. Ese dolor lo terminás tapando con más comida.
Primero probé dietas estrictas. Duraba dos semanas y rebotaba.
Después me fui al otro extremo: me obsesioné. Comía poquísimo, hacía cardio como un demente. Bajé un montón de peso, sí. Pero perdí músculo, quedé flaco y sin forma, y me arruiné la cabeza con la comida. Eso también fue un fracaso, aunque en las fotos pareciera un éxito.
Hoy peso 78 kilos con músculo y como asado los domingos.
Lo que aprendí es que no hacía falta nada de eso. No hacía falta pasar hambre ni obsesionarse. Hacía falta ordenar unos hábitos y sostenerlos.
Yo tardé años y me llevé dos fracasos por delante para entender eso. Vos no tenés por qué pegarte la cabeza contra la pared mil veces como me la pegué yo. Para eso estoy.